"Adiós Cataluña"
Enlace a la presentación del libro en "aguas internacionales" en YouTube>
Publicado el 18/10/2007, por Carmen Méndez. Madrid
Está harto de lo que él llama la entronización del cateto nacionalista. Albert Boadella se despide de Cataluña, cansado del feudalismo regional, con un ensayo feroz y sarcástico, como no podía ser menos en un digno heredero de Aristófanes.
- ¿Le molesta que le llamen Alberto?
- En absoluto.
- Como a Carod-Rovira le enfada que le llamen José Luis...
- Contentísimo. Llámeme como le plazca. Mi familia francesa me llama Albegtó...
Sonríe Boadella (Albert o Alberto, como les plazca), un ácrata conservador que presenta hoy Adiós Cataluña en Cataluña, un ensayo en el que se despide de la lucha contra una tribu encerrada en la endogamia y la paranoia. Pero lo hace en un barco en alta mar, en aguas españolas, para no pisar tierra catalana, a varias millas de la Barcelona que lo vio nacer en 1943.
Ayer, el autor y director teatral presentaba en Madrid la personalísima crónica de amor y de guerra con la que ha ganado el premio Espasa de Ensayo, en la que explica por qué a sus 64 años rompe del todo con aquel joven que sentía escalofríos al oír Els Segadors, cuando aún creía que ser catalán era lo mejor que podía ocurrirle a cualquier habitante del planeta.
Volverse en contra de la tribu se paga, pero compensa, dice. No hay vuelta atrás; mi adiós es definitivo. Colocar Cataluña a la misma altura que Birmania en mis sentimientos ha sido una liberación.
Pero de las guerras no se suele salir indemne. Incluso te puede herir eso que llaman fuego amigo y acabar siendo un daño colateral de los tuyos. Las peores heridas han sido las de la quinta columna, cuando el desprecio y el rechazo al traidor a la tribu, que soy yo, se introdujo en el círculo de las amistades, de ciertos ambientes familiares, incluso de mi propio entorno profesional.
Los que callan
En esta pública despedida, Boadella dice adiós a Cataluña, a las instituciones, a la política, pero también a una ciudadanía que no ha estado a la altura de las circunstancias, según él. Hay una responsabilidad en la sociedad civil catalana: la minoría por acción; quemar retratos, por ejemplo, es propio de la insensatez de la juventud, pero la mayoría por omisión. Cree que muchos catalanes se han amparado emocional y patrimonialmente en un territorio abonado por unos estafadores especializados en falsificaciones sentimentales, y no se han atrevido a decir no.
Boadella no se muestra nada optimista sobre el futuro, con un Gobierno central débil, que sólo ofrece premios a la natalidad, y un presidente catalán, José Montilla, que ha actuado con la ferocidad del converso. España ha perdido Cataluña, afirma con pesimismo. Los catalanes no volverán a tener un sentimiento de interés por España.
¿Qué queda? El exilio o el autoexilio dentro del territorio. Boadella pasa muchas temporadas en el sur de Francia, y mantiene su masía del siglo XVI en el Bajo Ampurdán. Allí está cuando trabaja con Els Joglars. Tengo una empresa como el que tiene una compañía de calcetines en Taiwán, pero no vende ni uno allí. En Cataluña he sido colocado en el apartado de muertos civiles.
Tributo de vasallaje
Sostiene Boadella que el mundo de la cultura y el arte han caído peligrosamente en manos de las instituciones políticas. Lo peor en la cultura es pagar un tributo de vasallaje. La mayor parte de los creadores prefiere la fantasía a la realidad.
Y una de las realidades recientes ha sido la Feria de Fráncfort y la presencia de escritores catalanes que escriben en catalán. Lo de Fráncfort ha sido una aquelarre provinciano. Han ido a mostrar que no tenemos nada que ver con España, que no bailamos flamenco ni pasadobles, en vez de hacer una demostración de buena literatura, que es lo que conviene, porque, por supuesto, el mayor rasgo diferencial de Cataluña es su bilingüismo. Y afina más aún: Ha sido un show para que unos cuantos mamones del establishment catalán hayan vivido durante un año de preparativos.
Adiós a Cataluña, a la política. Desvinculado del partido Ciutatans, muestra todas sus simpatías por el nuevo partido que lidera Rosa Díez. Pero siempre queda el teatro. Y a él volverá en breve. ¿Podría ser el presidente Zapatero un personaje como el de su famoso Ubú president? Él no aporta mucho reflexiona. Pero como todos los personajes que tienen cierta mediocridad puede llegar a ser muy perverso.
En el amor como en la guerra
Cuando tenía 12 años, Albert Boadella ganó en Francia el que hasta ahora era su único galardón literario, a pesar de que tiene numerosos premios teatrales, incluso taurinos: hizo una redacción lírica y cursi sobre unos jardines que hay junto al Pont Neuf, de París. Les fastidió que ganara un esmirriado niño español que venía de una dictadura del sur. El chiquillo creció y juntó una banda provocadora y divertida llamada Els Joglars, responsable de algunos de los montajes teatrales más ingeniosos de los últimos 40 años. A punto de ser juzgado por un Consejo de Guerra, protagonizó en 1977 una fuga tan sonada como la del Lute.
Este profesional de la disidencia tiene dos obsesiones: una es su enome atracción por la mujer, y la otra su lucha por lograr su espacio de libertad. Amor y guerra. Pero no la pamplina del haz el amor y no la guerra de Mayo del 68, una revolución de niños bien alimentados de la que nació una generación de progres muy desdichada, según Boadella.
El amor y la guerra son los pilares de las páginas de Adiós Cataluña, donde quedan aprehendidos, con mucho sentido del humor, los jirones de su lucha contra la tribu. Aquí se repasa la cosa pública, el teatro, el arte, pero también la lenta decepción, el descubrimiento del fraude y la mística represora del nacionalismo. También es un libro de una ternura sorprendente, una historia de amor de 32 años con su mujer, la pintora Dolors Caminals, que va de la euforia a la plácidez, de la excitación a la armonía, una historia clásica, en la que nos hemos guardado una fidelidad histérica y hemos sido fanáticos el uno del otro.
nullAlbert Boadella Oncins (nacido en Barcelona, España, el 29 de julio de 1943) es un actor y dramaturgo español, director de la compañía de teatro Els Joglars y activo autor del teatro español, especialmente el catalán.
Estudió arte dramático en el Institut del Teatre de Barcelona, en el Centre Dramatique de lEst (Estrasburgo) y expresión corporal en París. Siendo todavía estudiante formó parte de la compañía de mimo de Italo Riccardi.
En 1962, cuando sólo tenía 19 años, fundó en Barcelona, junto a sus compañeros Carlota Soldevila y Anton Font, Els Joglars, la compañía en la que desarrolla toda su carrera como actor, director y dramaturgo. Con Els Joglars ha estrenado más de una treintena de montajes, ninguno de los cuales ha pasado desapercibido. Sus obras acostumbran a tener una fuerte carga crítica y satírica, especialmente con el poder establecido y con cualquier poder fáctico. Por esto ha sufrido problemas con autoridades políticas de distinto signo.
Su primer gran problema con las autoridades tuvo lugar el 2 de diciembre de 1977. Por La Torna fue encarcelado y sometido a un consejo de guerra por un presunto delito de injurias al ejército. Posteriormente protagonizó una espectacular fuga de la cárcel y posterior huida a Francia. Este hecho supuso la pérdida de libertad condicional a otros miembros de la compañía.
Aparte de su currículum teatral, ha creado y dirigido diversos programas de televisión para diversas cadenas (ver artículo de Els Joglars), y es autor de los libros El rapto de Talia (DeBolsillo, 2000) y de su libro de memorias, Memorias de un bufón (Espasa Calpe, 2001).
En 2003 escribió el guión y dirigió la película Buen viaje, excelencia, una caricatura de los últimos meses de vida del general Franco.
Gran aficionado a la fiesta de los toros, y público defensor del llamado arte de Cúchares, Boadella ha colocado con frecuencia la emoción del ritual taurino por encima del resto de las artes: «no existe en el mundo occidental ninguna ceremonia capaz de conmover y elevar con semejante fuerza al ser humano. [...] A lo largo de mi vida he gozado de las mejores expresiones del arte, en música, danza, ópera y teatro, pero nada es comparable al ritual taurino.».1 En diciembre de 2006 estreno en Madrid una obra de pequeño formato, a la manera de los «debates» medievales, titulada Controversia del toro y el torero, donde se alternan razones a favor y en contra de la fiesta. Su apoyo a las corridas de toros le ha supuesto tanto la admiración de las grandes figuras del toreo como José Tomás y Enrique Ponce, como acerbas críticas2 por parte de sectores antitaurinos.3 En sus memorias, Boadella se toma esto último con deportividad:
Nadie me ha insultado con más fruición, saña y fanatismo como las que ejercen los antitaurinos con su beatífica máscara de antiviolentos. Pero [...] cuanta mayor presión desplieguen, al igual que los cristianos de la Roma antigua, más vigor y sentido adquirirá la tauromaquia. Con los toros intentaron acabar algunos papas y hasta poderosos monarcas. El resultado está a la vista: cada vez hay mayor número de ganaderías y se torea mejor.
Albert Boadella, Adiós Cataluña, 2007, pág. 280
Actualmente compagina sus proyectos con Els Joglars con su trabajo de profesor de Dramaturgia y Dirección en el Institut del Teatre de Barcelona, es también uno de los miembros fundadores de Ciutadans de Catalunya, plataforma política creada en 2005.
En septiembre de 2007 su ensayo de memorias Adios Cataluña. Crónicas de amor y de guerra ganó el XXIV Premio Espasa de Ensayo.4 En la presentación del libro, explicó que su adiós a Cataluña no era metafórico, sino real: anunció que no volvería a trabajar más en Cataluña ante el boicot que sufren sus obras en su propia tierra.5
Trayectoria ideológica:
Albert Boadella estuvo cercano en su primera juventud a posiciones catalanistas y, en general, a la izquierda antifranquista catalana, de la que fue un icono cultural (actuaba habitualmente junto a los integrantes de la nova cançó), cuyo momento álgido fue el consejo de guerra que sufrió en 1977. Restaurada la Generalidad de Cataluña, y después de Operació Ubú que parodiaba a Jordi Pujol y que le enfrentó con el nacionalismo gobernante, se aproximó al PSC, por entonces en la oposición, aunque según confiesa en sus memorias más por buscar refugio ante los boicots del nacionalismo que por convicción.
A lo largo de su larga trayectoria, con el común denominador de su defensa de la libertad y de su crítica al dogmatismo, ha realizado críticas furibundas al poder, fuese este del color que fuese: a Jordi Pujol, a Franco, a algunos obispos y a ERC, lo que le ha supuesto el odio de sectores aparentemente dispares, como la ultraderecha española, el independentismo catalán (de derechas y de izquierdas) y sectores del catolicismo.
Ha utilizado sus obras para hacer ácidas parodias a relevantes personajes de la cultura catalana como Salvador Dalí, pero también para mostrar rendida admiración por otros como Josep Pla (en su Increíble historia del Dr. Floit & Mr. Pla). Todo ello le ha significado enemistades, tanto en el mundo teatral como sobre todo en el mundo institucional catalán. Ha sido vetado durante años en las televisiones públicas, y ninguneado, por razones políticas, en diversos medios de comunicación [cita requerida].
En la actualidad se opone de forma beligerante a la deriva catalanista que atribuye al PSC a raíz del Pacto del Tinell y de las políticas del socialismo catalán en los años que lleva al frente del gobierno autonómico. Fue uno de los intelectuales promotores de la plataforma cívica no nacionalista Ciutadans de Catalunya, de la que surgió el partido político Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía. En el 2º Congreso de Cs, era partidario de la lista opositora a la presentada por Albert Rivera, y tras la victoria de éste se ha alejado bastante del partido, traspasando su apoyo claramente al nuevo partido Unión, Progreso y Democracia, con planteamientos análogos a la asociación Ciutadans de Catalunya, llegando a participar en su acto de presentación.
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